EL DESIERTO ROJO DE NAMIBIA

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EL DESIERTO ROJO DE NAMIBIA

Namibia, uno de los destinos necesarios para los amantes de los grandes desiertos y de los espacios abiertos ilimitados, con dunas altas como montañas, destelleantes lagos de sal y extensas planicies. Allí se encuentra el Namib, el desierto rojo, un ondulado mar de arena que se extiende más allá de un centenar de kilómetros, desde su encuentro con una costa invadida de barcos muertos sobre la playa, hogar de millones de pájaros marinos y de la mayor colonia de focas de África.

Hacia el norte del Namib, el Damaraland uno de los pocos escenarios vírgenes que todavía quedan en el mundo. Dicen que es un regalo del cielo, ver amanecer en Spitzkoppe, las rocas sagradas de los bosquimanos que se alzan vigilantes sobre las tierras del Damaraland y contemplar el atardecer en Deadvlei, entre las dunas y árboles muertos centenarios, que se extienden a caballo del Tschaub, el río de arena.

Más al norte, el Kaokoland, la última frontera, hogar de las tribus herero que aun hoy se distinguen por los trajes victorianos, que las mujeres de los antiguos misioneros importaban, y los pastores himba con sus elaborados peinados y la piel cubierta de una mezcla de arcilla roja y manteca.

Territorio del gran elefante del desierto y el rinoceronte negro, se pueden ver en el Parque Nacional de Etosha, una de las mayores reservas de África, en cuyas charcas no es extraño divisar a Los Cinco Grandes. Completan el recorrido las cataratas Epupa, una de las más espectaculares de África, las pinturas rupestres de Twyelfontein y la ciudad de Swakopmund, extraña mezcla que nos lleva a una antigua ciudad de Baviera, encajada entre las dunas y la costa del Atlántico.

Y cuando terminas, en el avión de vuelta, deseando llegar a casa, para volver cuanto antes ...

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