El jardin secreto. Parte I

Recuerdo que la primera vez que fui consciente de asomarme al infinito fue atravesando Mauritania por las desoladas llanuras del Tassiat y las dunas del Achkar. Por aquel entonces todavía jugaba a ser rebelde, bebía whisky Dyc con coca, escuchaba a los Limones y viajaba con poco dinero y mucho morro (no como ahora).

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Desde aquella vez, sigo obsesionado con los desiertos, y no he dejado de soñar con seguir las rutas de aquellos exploradores que intentaron desvelar el misterio de la ciudad de Tombuctú. Por proximidad a mi casa, últimamente me atraían más las aventuras de aquellos que intentaron llegar allí a través de la ruta de Murzuk, y de entre ellas, especialmente la aventura de Gordon Laing, todo corazón, o el gran viaje de Henry Barth a través del Sahara. En sus cartas y escritos ambos aseguraban haber encontrado en lo más profundo del  desierto un jardín secreto en el que manaba la auténtica fuente de la libertad, a la que se dirigían a beber aquellas grandes caravanas procedentes de Egipto a través de Khufra.

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Al igual que en el siglo XIX, la inseguridad en la zona hace que continúe siendo muy peligroso acercarse y  ha hecho que este lugar haya permanecido perdido e inaccesible por años. Y como es sabido, todos los lugares perdidos alimentan historias ocultas y excitan la imaginación, sobre todo de las mentes más volátiles, algo así como la mía, (si es que soy carne de cañón…)

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Y saber durante todos estos años, que tras aquellas dunas lejanas que veía desde mi habitación, se encontraba ese jardín escondido, era toda una provocación que no podía desatender durante mucho más tiempo. De hecho todavía no sé cómo aguanté tanto tiempo…

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Así que un día decidí dejar de soñar y cumplir alguno de los sueños, escogí un grupo de tuareg entre los amigos de Ubari, lo mejor de cada casa, llenamos los coches de armas, combustible, agua y un par de corderos maduritos, y nos internamos entre las dunas. No necesitábamos mas.

Mientras recorríamos el mar de dunas de Ubari, pensaba en aquellos primeros habitantes de la zona, los Garamantes. Aquella civilización, capaz de frenar el avance romano por el desierto, recorrió estas mismas dunas hace miles de años en cuadrigas impulsadas por caballos. Su capital estaba en Germa, muy muy cerca de donde llegamos aquel día, desde allí controlaban las rutas de los oasis a través del Sahara. Todavía se pueden ver las ruinas de su poderoso Imperio, aunque llegar hasta allí sí que es meterse en un buen lio. (No seré yo el que diga que no a esa aventura.)

Por el camino iban apareciendo lugares increíbles, sólo conocidos por los tuareg, todos descartados por los mapas, sin derecho a nombre, y que yo intentaba almacenar en mi memoria a golpe de selfie. Dunas de diferentes colores y tamaños, reducidos grupos de palmeras o una pequeña acacia, sin apenas leña para un calentón, que yacía solitaria entre aquel mar de dunas…Todo me emocionaba, que así soy yo de tierno con mi nuevo corazón, pero hubo un lugar donde sé que se me escapó el alma y allí debe estar todavía, atrapada en aquel silencio mortal, a los pies de una duna y un par de palmeras…

Desertando

Y así subiendo dunas, bajando cortados o sacando coches atrapados en la arena nos dio la hora de comer. Tras la oración del salat al asr, y envuelto por un paisaje increíble, hicimos un fuego, y compartiendo plato y cuchara, devoramos pasta, cordero y kueskos ajenos. Así, de la mejor manera que conozco para disfrutar al máximo de las cosas sencillas, como aprendí en el Ejército: en camaradería.  Qué pena de vino….

Dejo para el próximo día si conseguimos encontrar el jardín secreto y las fuentes de la eterna libertad, o continuará siendo uno de los mitos que abundan en mis sueños….que lo que quería hoy era enseñaros las fotos que hice durante la ruta. Ademas, no siempre es necesario llegar, que muchas veces lo mejor se encuentra simplemente en el camino…

Desierto

Desertando
setielena@gmail.com
7 Comentarios
  • alfonso
    Publicado a las 12:00h, 02 febrero Responder

    Gracias por tus artículos

  • Lurdes
    Publicado a las 07:49h, 03 febrero Responder

    No entiendo como parecéis tan frescos…. yo que he estado solo unas horas en el desierto de Namib (en las dunas de Sossusvlei) y casi me da algo, no me lo explico.
    Bueno, que cada día escribes mejor y da gusto leerte. Deseando estoy saber si hay o no jardín.

    Un beso primo.

    • undiaenlavidadecuchara
      Publicado a las 18:46h, 03 febrero Responder

      Hola prima, ya echaba de menos tus comentarios. Pues muy pronto sabremos si encontré aquel jardin secreto. Mi editor me ha dicho que no puedo desvelar todavia el misterio….solo decirte que lo que ví, te gustará…

  • Nuria
    Publicado a las 10:36h, 03 febrero Responder

    ¡guau!

    • undiaenlavidadecuchara
      Publicado a las 18:43h, 03 febrero Responder

      Hola hermanita. Guau es que te ha gustado, no? Un beso

  • Alberto Mrteh
    Publicado a las 16:09h, 06 marzo Responder

    Me encanta tu aventura y las fotografías de las dunas.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    • undiaenlavidadecuchara
      Publicado a las 14:00h, 10 marzo Responder

      Gracias Alberto. Un abrazo, espera a ver las proximas, seguro que tambien te gustan

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